La onicofagia o comerse las uñas es uno de los hábitos más extendidos en nuestra sociedad, y nada positivo para nuestra salud dental y general. Aquellos que la padecen se muerde las uñas de manera obsesiva, a veces casi de forma inconsciente e incontrolada y, por supuesto, puede tener consecuencias negativas en la salud dental.

Causas

Imitación. En la infancia se puede aprender este patrón de comportamiento por repetición, por aprendizaje de una persona de referencia, normalmente del entorno familiar que lo padezca.

Baja autoestima. Los problemas de autoestima se pueden mostrar hacia el exterior de muchas maneras. Una de ellas es morderse las uñas, constantemente se evaluará mentalmente e inconscientemente se morderá las uñas mientras se afianzan sus creencias irracionales.

Timidez. Cuando una persona es introvertida, un mecanismo para poder liberar parte de la tensión que padece será morderse las uñas.

Ansiedad. Elevados niveles de estrés pueden conllevar a ansiedad y como acompañamiento de la sintomatología ansiosa. Ante situaciones estresantes que tenga que afrontar la persona, recurrirá inconscientemente a este hábito.

Pensamientos obsesivos. La necesidad de liberación de la tensión mental por pensamientos repetitivos provoca que esta conducta les ayude a paliar y momentáneamente los pensamientos, porque provoca el efecto contrario que en la mayoría de casos, por lo que los afianza aún más.

Síntomas

Repetición de la conducta. Constantemente se morderán las uñas, es un acto interiorizado y automatizado que no perciben ni controlan.

Ocultar sus manos. La toma de consciencia ocurre cuando ven las lesiones en sus dedos. Ocultarán sus manos siempre que les sea posible de los demás, por la vergüenza que sienten por su aspecto.

Nerviosismo. La necesidad de morderse las uñas, generará en la persona elevados niveles de activación emocional.

Consecuencias

Lesiones físicas. La mayoría que padece onicofagia no perciben que se están mordiendo las uñas hasta que siente dolor físico. En muchas ocasiones este hábito ocasiona mal crecimiento, deterioro tanto de las uñas, como de los dedos por lesiones en la piel.

Problemas laborales. Dificultades para mantener un trabajo en el que tenga que mostrar sus manos. También puede verse reflejado en una entrevista laboral, tanto por la onicofagia como por lo que puedan juzgar.

Caries. Las bacterias que se esconden debajo de la uña pueden llegar a la boca y, por tanto, aumenta el riesgo de caries.

Halitosis. Este traspaso de bacterias de las uñas a la boca junto con una mala higiene bucal puede contribuir al desarrollo del mal aliento.

Infecciones bucales. Los virus, bacterias y hongos presentes en las manos pueden provocar infecciones en la boca como llagas o herpes.

Alteraciones en la mandíbula. El morderse las uñas también puede afectar a los huesos y músculos que unen el cráneo con la mandíbula inferior. Las molestias pueden ir desde las dificultades para morder a los problemas para abrir y cerrar la boca, pasando por el dolor de cabeza, oído o mandíbula.

Tratamiento

Reducir la activación emocional. Dependiendo de cada persona se pueden usar técnicas de relajación, respiración o suprimir bebidas estimulantes.

Modificación de la conducta. Creando hábitos saludables para la persona que puedan sustituir la onicofagia para que desaparezca.

Gestión emocional. Facilitar herramientas para conocer y poder gestionar sus emociones. Es necesario que la persona comprenda cómo se siente y por qué, para evitar morderse las uñas.

Reducir y parar los pensamientos. Cuando la persona asocie sus pensamientos con no tener el control sobre la conducta de morderse las uñas, será necesario elaborar un plan para identificar los pensamientos, clasificarlos y reducirlos hasta poder eliminarlos.

Recursos. Elaborar dentro del plan terapéutico. Un listado de recursos que puedan ayudar a la persona a ir eliminando este mal hábito y disponer de herramientas que le ayuden.

Autoestima. Elevar la autoestima de la persona que se verá mermada, entre otros, por los sentimientos de vergüenza que siente por el aspecto de sus manos.

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A pesar de que es difícil dar un cálculo preciso sobre el número de personas con onicofagia, se estima que alrededor del 30% entre cuatro y diez años suele morderse las uñas. Sin embargo, cuenta con los porcentajes más altos durante la adolescencia, llega hasta un 50%. Una cifra que va disminuyendo a partir de los 18 años.

No obstante, la onicofagia no desaparece en la edad adulta, tanto que sobre el 15% de la población mayor de 18 años mantiene la costumbre. Además, en la etapa adulta la balanza se inclina claramente hacia el lado masculino. Suelen ser los que aún conservan este mal hábito al hacerse mayores, mientras que en los niños está al 50%.

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